sábado, 3 de octubre de 2026

La hinchada haitiana y las declaraciones de futbolistas haitianos: un pretexto para los promotores del odio contra Haití

 

Por Gregorio Moya E.

¿En qué preciso momento se separó la vida de nosotros, ¿en qué lugar, en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo al amor para decirnos adiós?
-Jaques Viau Renaud, poeta haitiano que murió asesinado por las tropas invasoras yanquis, defendiendo la independencia de República Dominicana en 1965-


La presencia de los fanáticos haitianos que asistieron el 1 de julio, de forma abrumadora al Estadio Olímpico ha desatado todo tipo de comentarios, la mayoría cargados con mensajes de odio.

Destacan que la mayoría de los asistentes al partido eran haitianos y que los dominicanos presentes representaban una minoría ínfima. El fútbol viene creciendo y creando una afición incipiente en nuestro país; sin embargo, en Haití es el deporte de la gran mayoría. Era de esperarse una asistencia mayoritaria de ciudadanos haitianos para ver a su selección, la cual, además, participó en el Mundial pasado.

Abrazo entre haitianos y dominicanos

Analistas dominicanos como Jorge Rolando Bauger con acento argentino, afirmó que República Dominicana terminó jugando “como visitante” ante Haití en su propio estadio y consideraron previsible la masiva presencia de aficionados haitianos. No obstante, el dato de que los haitianos eran mayoría se está utilizando para infundir temor bajo el argumento de que "nos están quitando los espacios", siendo uno de ellos el Estadio Olímpico.

Los actos de la hinchada haitiana —que incluyeron rotura de puertas, así como el desafío e irrespeto a las autoridades— deben ser condenados como actos de violencia impropios, sobre todo en un evento deportivo. Pero, según cuentan reportes de prensa, no solo fueron fanáticos haitianos, también dominicanos incurrieron en ese desafuero violento y que daña al país.

Se supone que los equipos que representan a ambos países deben actuar como diplomáticos, bajo el mejor espíritu olímpico expresado en el lema: amistad primero, competencia después.

Pero estos desafueros no deben llevarnos a condenar a todos los fanáticos de Haití que fueron a animar y vitorear a su equipo nacional. Fue una minoría que actuó de esa forma. Esa conducta violenta e irrespetuosa de un grupo ha sido aprovechada por sectores xenófobos antihaitianos para verter su veneno contra un pueblo hermano y sufrido como el pueblo de Petión.

Los llaman "horda de bárbaros", "incivilizados", "turba", "invasores" o "delincuentes". Meten a todos en el mismo saco, del mismo modo que Donald Trump llamó "perros" a los migrantes haitianos, tildó a los dominicanos de sucios y a los mexicanos de narcotraficantes.

El comportamiento violento de los hinchas de fútbol es un fenómeno ampliamente estudiado y debatido en diversas disciplinas. La violencia en el fútbol se ha convertido en un problema de orden público analizado por antropólogos, psicólogos y sociólogos. Los grupos organizados de hinchas, conocidos como barras bravas, han cobrado visibilidad a partir de múltiples incidentes en Europa e Iberoamérica desde la década de 1960. Estos grupos han sido responsables de tragedias en estadios emblemáticos como Hillsborough en Sheffield o el Monumental en Santiago de Chile, entre otros.

De manera que los actos inexcusables de una parte de la fanaticada haitiana no se deben a su tipología cultural ni étnica, ni a que "por ser haitianos esa sea su naturaleza". Eso no es así en absoluto. Tampoco ocurre únicamente en el fútbol: en 2001, el torneo de baloncesto del Distrito Nacional tuvo que ser suspendido debido a los enfrentamientos entre fanáticos de distintos equipos locales.

La conducta de la hinchada violenta del partido del 1 de julio le cae como anillo al dedo a quienes azuzan el odio, ya sea de manera abierta o con bajo perfil.

Las declaraciones de futbolistas haitianos

Los futbolistas de la selección haitiana que realizaron declaraciones ofensivas hacia la República Dominicana se caracterizan por haber nacido en Francia, aunque son de padres haitianos. Tal es el caso de Duckens Moïse Nazon, quien afirmó en sus redes sociales que “La Española es para nosotros”. Nazon nació en Châtenay-Malabry, Francia, posee doble nacionalidad (haitiana y francesa) y juega para la selección de fútbol de Haití. Por su parte, Wilson Isidor nació en Rennes, Francia, y publicó un mensaje en sus redes sociales en el que afirmó: “La Española es Haití. Esto es Haití”. Esto resulta inaceptable, pues cuestiona la soberanía del pueblo dominicano sobre su territorio. Se puede decir, que aunque representan a Haití, llevan su cultura y su bandera, lo hacen de forma compartida con Francia, y lo más importante, están desconectados de la realidad que viven y sufren la mayoría de los haitianos en su país.

Aunque se pretendan descontextualizar estas declaraciones de la historia, la política y la diplomacia entre las naciones, este tipo de discursos nunca ha sido inocuo. El Barón Pierre de Coubertin, padre de las Olimpiadas modernas, decía que “el espíritu olímpico no es propiedad de una raza ni de una época”. De esto carecen de conciencia los jugadores que han realizado semejantes afirmaciones. Estas negativas, irrespetuosas y ofensivas declaraciones de los jugadores haitianos tienen como contexto la situación de maltrato inhumano de los agentes de migración en el país, que no paran mientes ante una recién parida y un recién nacido para subirla a un transporte sucio y hacinado.

Impulsar una cruzada renovada de odio hacia los migrantes haitianos —empujados por la miseria y la violencia, a quienes la corrupción en la frontera deja pasar por dinero y los agentes de migración sueltan tras cobrar sobornos— es una desproporción y una bestialidad similar a la que cometen los agentes de migración de EE. UU.

Esos "patriotas" que se rasgan las vestiduras frente a Haití y sus migrantes, no se han enterado de las presiones del gobierno de Trump para que el país elimine el arancel que protege la producción nacional de arroz. Esos patriotas de cartón tampoco se dieron cuenta de que los dos principales aeropuertos del país —uno civil, el Internacional de Las Américas, y uno militar, el de San Isidro— se convirtieron en bases militares norteamericanas, en abierta violación a la Constitución de la República Dominicana.

Comando haitiano en 1965 defendiendo la independencia de República Dominicana


Por suerte, muchos dominicanos y dominicanas militamos en la solidaridad y la amistad entre los pueblos, levantando la bandera de la justicia y la compasión, sin olvidar la defensa de la soberanía e independencia del pueblo dominicano, que las potencias extranjeras, principalmente la norteamericana, le ha impedido autogobernarse como soñó Juan Pablo Duarte. Los dominicanos y haitianos no solo estamos en una misma tierra, tenemos los mismos desafíos fundamentales y un enemigo común, y los dominicanos en nuestro camino de liberación encontraremos en nuestro batallar otros comandos haitianos que nos acompañarán y pagarán su cuota de sangre, como en abril del 65.